miércoles, 2 de marzo de 2016

La enseñanza de la ingeniería

John Freddy Duitama. Ph.D.
Tenemos una larga tradición en enseñanza de la ingeniería que por supuesto debemos conservar; pero también es cierto que hay una serie de factores que requerimos mejorar si deseamos disminuir la deserción y mejorar el perfil y las competencias de nuestros egresados.
En el Encuentro Internacional de Educación en Ingeniería 2016 de ACOFI se establecieron cuatro áreas de atención para las facultades de ingeniería: los procesos de enseñanza y aprendizaje, el desarrollo curricular, la evaluación de la enseñanza en el aula y la calidad y acreditación. Según las conclusiones del evento, en los procesos de enseñanza se nota una clara tendencia al aprendizaje basado en problemas, al empleo cada vez mayor de tecnologías de la información  y una integración de los retos de la vida real en el aula.
Nuestra propuesta va encaminada a poner en marcha algunas estrategias para mejorar el modelo de enseñanza presencial, en donde el profesor y el aula de clase son factores claves; lo que no va en contravía con incentivar la modalidad de auxiliares de docencia como lo hacen muchas universidades en el mundo  y en hacer uso de las TIC cuando éstas sean pertinentes.
A continuación, enumero una serie de propuestas que apuntan a resolver algunos de los problemas detectados:
La nivelación de los estudiantes que ingresan a la Facultad y que traen vacíos en su formación. Según estudios del Ministerio de Educación esta es la principal causa de deserción para estudiantes de ingeniería. La estrategia propuesta es  desarrollar un conjunto de cursos virtuales asíncronos para que el estudiante que pasa el examen de admisión haga los refuerzos que requiera antes de iniciar su primer semestre; esta iniciativa puede contar con la asistencia de auxiliares de docencia de la universidad o incluso con los profesores de sus colegios de origen.
Los vacíos de orientación profesional de los aspirantes a la Universidad. Según estudios del Ministerio de Educación esta es otra de las principales causas de deserción. La estrategia es flexibilizar los requisitos para que un estudiante cambie de programa en los primeros semestres; este cambio de programa debe contar con la debida asesoría y orientación profesional desde la unidad de bienestar universitario. En algunas universidades se recibe al estudiante a ingeniería y solo dos o tres semestres más tarde este selecciona el programa específico que desea desarrollar.  
Seguimiento personalizado a los estudiantes con dificultades en su rendimiento académico. La propuesta es retomar las experiencias de otras facultades, para que desde la unidad de bienestar universitario se perfilen las características socio-económicas y académicas de los estudiantes y se elabora un sistema de alertas tempranas que permitan detectar los estudiantes con riesgo de salir de la universidad y realizar con ellos un acompañamiento más cercano.
Desarrollo de los cursos masivos de los primeros semestres.  Apoyados en los profesores de más alto nivel de formación y capacidad docente, la estrategia es diseñar y realizar cursos online, asíncronos e interactivos que el estudiante pueda seguir en cualquier momento sin restricciones de tiempo y lugar. En esta modalidad el estudiante puede ver la clase varias veces, resolver preguntas de manera interactiva durante el desarrollo de la clase, y participar de foros virtuales y talleres presenciales para reforzar sus conocimiento.   Nótese que estos cursos deben contar con auxiliares de docencia para acompañar los talleres presenciales, realizar la asesoría presencial y conducir  los foros virtuales donde el estudiante indaga sobre sus dudas.
El alto porcentaje de reprobados y de cancelaciones en los cursos básicos. Esta cifra supera el 50% en nuestra Facultad, como se muestra en el cuadro 1. La propuesta es hacer seguimiento muy de cerca a estos cursos en coordinación con ciencias exactas, pues la formación en los primeros semestres es también nuestra responsabilidad; los contenidos deberán adecuarse con ejemplos que muestren aplicaciones en ingeniería; los exámenes requieren ser validados por un equipo de profesores antes de ser propuestos a los estudiantes y la metodología de enseñanza debe contar con los profesores más competentes y de mayor experiencia.  
Cuadro 1: # de estudiantes que cancelan o pierden cursos del tronco común.
Semestre
Matriculados
Cancelaciones
% Cancelaciones
Reprobados
% Reprobados
2013-1
10039
2588
25,8%
2746
27,4%
2013-2
7226
1708
23,6%
826
11,4%
2014-1
10820
3078
28,4%
2975
27,5%
2014-2
10327
2789
27,0%
2851
27,6%
2015-1
9978
2599
26,0%
2768
27,7%
2016-1
11774
2344
19,9%
3095
26,3%
Total
60164
15106
25,1%
15261
25,4%
Fuente: Mares
En algunos cursos de física la suma de perdedores más canceladores llega al 60%.
Adicionalmente, se puede pensar en adoptar un esquema de evaluación para estos cursos básicos como el que ya desarrollan algunas universidades europeas. En este esquema, el estudiante define cuando está preparado para presentar los exámenes. Lo que requiere de una logística que permita, desde un banco de preguntas almacenadas en una plataforma TIC, generar exámenes individualizados y contar con salones de clase y horarios disponibles en los que el estudiante pueda hacer la prueba bajo la vigilancia de auxiliares de docencia y profesores.
Mejorar y complementar las prácticas de laboratorio. Algunas de las prácticas de laboratorio -especialmente en algunos cursos básicos- se pueden simular en el computador para que el estudiante puede apreciar de cerca los fenómenos que indaga. En la enseñanza de la física hay varias experiencias como las que describo que el lector interesado puede indagar en revistas especializadas. Esta es una manera de obviar el problema de los equipos obsoletos o descalibrados o la falta de insumos, tan comunes en muchos de los laboratorios de docencia. No sobra dejar en claro que esta modalidad no cubre todo el universo de prácticas de laboratorio requeridas para la formación de un ingeniero, solo las complementa. Es decir, no abogamos por desaparecer los laboratorios presenciales en todos los casos que lo ameriten.
Vacíos en el uso del computador como herramienta para el diseño, simulación y construcción de soluciones. Las herramientas computacionales son claves en la formación del ingeniero, la simulación de fenómenos, el diseño asistido por computador, el manejo de paquetes estadísticos, los paquetes de análisis matemático, entre otros.  El software de uso libre es una oportunidad de bajo costo que permite hacer masiva la apropiación de este tipo de paquetes. Igualmente, hay que pensar en mejorar las habilidades de programación de todos los ingenieros que formemos.
Ampliar oferta de cursos para materializar las iniciativas de currículo flexible, movilidad estudiantil y cursos opcionales. Algunos de los cursos de alta calidad que hoy se encuentran en las plataformas internacionales, podrían ser reconocidos como materias del plan de estudio. Se requiere que previamente sean aprobados por los comités de currículo, y tener un acuerdo con estas iniciativas, así  como una clara estrategia de tutoría y evaluación presencial desde la universidad.
En la misma línea de ampliar la oferta de cursos se pueden ofrecer cursos de verano con profesores internacionales en áreas en donde carecemos de docentes,  con visitantes extranjeros traídos por los grupos de investigación, que además  de compartirnos sus conocimientos en un tópico especializado de conocimiento serán la oportunidad para que nuestros estudiantes se vean exigidos en dominar una segunda lengua.
Egresados más competitivos para el mercado laboral. Para lograr este propósito se requiere, entre otras cosas, reforzar las habilidades de los futuros ingenieros en  gestión de proyectos, incentivar las dobles titulaciones y  crear líneas de énfasis dentro de los programas.
Igualmente, se hace imperativo introducir en los planes de estudio actividades orientadas al emprendimiento y al desarrollo de una mentalidad innovadora. Iniciativas como los campamentos de emprendimiento, en donde empresas de la ciudad plantean retos de la vida real y un grupo interdisciplinario de estudiantes diseña posibles soluciones a estos retos, son un buen ejemplo del tipo de actividades que nuestros estudiantes pueden desarrollar  y que deberíamos incentivar asignándoles valor en créditos dentro del plan de estudios.


martes, 20 de enero de 2015

Los retos en la formación de los futuros ingenieros.

Ing. John Freddy Duitama M. Ph.D.
 Profesor Facultad de Ingeniería.

En estos días que se elabora el nuevo plan de desarrollo decenal de la U. de A. y los candidatos a la rectoría presentan sus programas de gobierno vale la pena reflexionar un poco sobre los retos que deberá encarar la Universidad en la formación de los futuros ingenieros que demanda el país.

El primer gran reto en la enseñanza de la ingeniería es el de cubrir el déficit de ingenieros que tiene la industria; según datos del Ministerio de TIC, en Colombia se requerirán 93.000 ingenieros de TIC para el 2018, en contraste con los 5.000 que se gradúan por año. El segundo gran reto es la baja calidad en la enseñanza y la alta deserción; según el SPADIES (Sistema para la prevención de la deserción de la educación superior), en el quinto semestre de los programas de ingeniería la deserción acumulada supera el 42%. El tercer reto es ayudar a incrementar la capacidad  de innovación en las empresas del país, indicador estrechamente relacionado con el tipo de formación que se brinda a los ingenieros; según la encuesta de desarrollo e innovación tecnológica de la industria manufacturera del DANE 2010, en Colombia solo una de cada 200 empresas innova en el sentido estricto de la palabra.

La pregunta obligada es ¿Cómo desde nuestra facultad y en el nuevo plan de desarrollo de la U. de A. podemos abordar cada uno de  estos retos?.

Para contribuir a “disminuir el déficit de ingenieros” que requiere la industria del país, un posible camino es definir como meta crear nuevas facultades de ingeniería (por ejemplo en Urabá y en el Oriente Antioqueño) y ampliar el número de admitidos en la sede Medellín. Los programas que se creen o amplíen en las regiones deberían estar ligados al plan de desarrollo local de cada una de ellas. En Urabá programas como ingeniería oceanográfica, ambiental, civil, de alimentos, informática, telecomunicaciones, entre otras,  que contribuyan a potenciar la vocación económica de la región. En el oriente antioqueño programas como ingeniería aeroespacial, civil, química, informática, bioingeniería, telecomunicaciones, etc. Las facultades que se creen deberían contar con la autonomía administrativa y presupuestal, evitando el excesivo centralismo; igualmente, deberían contar con una planta de profesores  para desarrollar un modelo de enseñanza presencial, lo que no se contrapone con el apoyo y coordinación entre las sedes y el uso de los modelos virtuales de enseñanza que permitan sacar provecho de las fortalezas que cada una de ellas desarrolle.   

El segundo gran reto “mejorar la calidad y disminuir la deserción” requiere de un trabajo más amplio y permanente. El propósito es contar con egresados preparados para enfrentar los grandes retos de la ingeniería contemporánea.  Lo que exige garantizar ingenieros con formación bilingüe, con habilidades en gestión y dirección de proyectos  y con  elevadas destrezas en el manejo de herramientas computacionales avanzadas (para ampliar estos puntos remito al lector al estudio titulado “Análisis del mercado laboral de los egresados de la U de A entre 1996 y 2013” realizado en la Facultad de Economía de la U. de A.). Otra meta de calidad es fortalecer la formación de los futuros ingenieros en ciencias básicas, mediante  un departamento encargado del seguimiento y direccionamiento de esta formación.  Entre sus labores estará, en coordinación con la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, verificar la calidad y la experiencia docente de los profesores asignados, garantizar la coherencia y homogeneidad de los programas y evaluaciones en los cursos, así como su correcta articulación con aplicaciones en la ingeniería.  Todo esto sin olvidar la formación humanista y en valores éticos, el conocimiento de la historia y del impacto de la ingeniería y la tecnología en la sociedad y el respeto por el desarrollo sostenible que el planeta requiere.

Según el MEN, en estudio del 2009 sobre “la deserción estudiantil en la educación superior colombiana”,  la deserción está  asociada en primer lugar al  potencial o capital cultural y académico con el cual ingresan los estudiantes a la educación superior. Los factores financieros y socioeconómicos están a continuación, seguidos por los institucionales y los de orientación vocacional y profesional. En esa medida, las carencias en capital cultural y académico de los estudiantes deben ser enfrentadas desde el momento que estos ingresan (o incluso antes); un semestre cero para aquellos que requieren nivelación de conocimientos; un modelo de cursos básicos masivos con cátedra magistral de profesores altamente calificados apoyados por asistentes de cátedra para el desarrollo de talleres y asesorías  permanentes, garantizando especialmente la oportuna asistencia a los estudiantes con dificultades; una plataforma tecnológica de apoyo a la docencia en donde se ofrezcan contenidos y prácticas de todo tipo (incluyendo laboratorios) que refuercen las actividades presenciales;  un esfuerzo pedagógico y metodológico grande para capacitar a los profesores responsables de los cursos considerados críticos para la deserción. Para enfrentar las limitaciones financieras y socioeconómicas de los estudiantes se puede sacar provecho del programa de las 10.000 becas que ofrece el gobierno a los mejores bachilleres y  de esta manera hacer posible que el estudiante de bajos recursos se dedique solo a estudiar, cambiando el modelo de estudiante-trabajador que solo dedica unas horas residuales del día a lo académico.    Las carencias en orientación vocacional de los estudiantes primíparos se pueden abordar flexibilizando los requisitos para el traslado y cambio de programas en los primeros semestres. 

El reto de la innovación  tiene como prerrequisito crear un ecosistema que potencie,  viabilice y haga seguimiento  a las ideas innovadores que se puedan incubar durante el proceso de formación de los futuros ingenieros.  Este ecosistema, además de una estrecha relación con iniciativas como RutaN, o las impulsadas por el Ministerio de TIC y Colciencias, requiere de tres elementos claves: Un instituto de investigación en ciencia y tecnología, la experiencia coreana del GIST es uno de los tantos referentes que vale la pena estudiar. Un sistema de posgrados de alto nivel que a mediano plazo duplique los estudiantes de maestría y doctorado en Medellín y en las regiones, en donde las tesis y los proyectos de investigación se desarrollen prestando especial atención a los retos tecnológicos y científicos del país y del mundo.  Un Parque Tecnológico estrechamente ligado a las tres facultades y que sirva como instrumento para la transferencia de tecnología, la creación y atracción de empresas con alto valor agregado, así como el fomento de la innovación y el desarrollo tecnológico de las PYMES.  

Podría argumentarse que el gran problema de llevar a la práctica todas estas ideas es encontrar los recursos.  Cada uno de los retos planteados son de amplio consenso entre entidades nacionales e internacionales cuando se aborda la problemática de la ingeniería; remito al lector al informe de la UNESCO del 2010 titulado “La escasez de ingenieros supone un peligro para el desarrollo”. En el país, desde varios ministerios y entidades estatales existen iniciativas para financiar proyectos en temas de calidad de la enseñanza, impulso de ideas innovadores y ampliación de cobertura (INNPULSA, Ministerio de TIC, el programa  “Antioquia la más educada”, Fondo Nacional de Regalías, etc.).  No sobra reiterar que en el desarrollo de estos retos hay que prestar especial atención a la permanente tensión que se genera entre ampliar cobertura y garantizar la calidad, en esa medida el prerrequisito para impulsar cualquiera de estas iniciativas es gestionar y garantizar los recursos suficientes; pero es claro que esta vía de los grandes retos es la única para lograr que un nuevo plan de desarrollo decenal de la U. de A. genere saltos cualitativos en lo que hoy hacemos desde la facultad por la formación de los nuevos ingenieros.


jueves, 18 de diciembre de 2014

La investigación pertinente.


Es de la esencia de la universidad crear conocimiento de base y ayudar a resolver los problemas científicos e intelectuales de la humanidad. Sin embargo, la universidad del siglo XXI enfrenta nuevos retos que no eran tan evidentes hace unas décadas, contribuir a la solución de los problemas sociales, ideológicos, políticos y económicos que enfrentar los países en donde se encuentran.  


Desde hace ya varios años, los diferentes actores del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología reclaman a la universidad desarrollar una investigación que sea pertinente. Pero, ¿qué es investigación pertinente?, ¿cuáles son las implicaciones del uso de este término en la definición de las políticas de investigación universitaria?

Para el Diccionario de la RAE, pertinente se entiende como aquello que viene a propósito; definición que puede asimilarse a la cualidad de guardar relación de afinidad y validez con algo. En el contexto de la universidad, puede entenderse entonces, que la investigación pertinente es aquella afín a la misión de la universidad y al estado de desarrollo, económico, social y cultural del país en un entorno de globalización.

Es de la esencia de la universidad crear conocimiento de base y ayudar a resolver los problemas científicos e intelectuales de la humanidad. Sin embargo, la universidad del siglo XXI enfrenta nuevos retos que no eran tan evidentes hace unas décadas; esto es, contribuir a la solución de los problemas sociales, ideológicos, políticos y económicos que enfrentar los países en donde se encuentran. Una buena estrategia para enfrenta ambos retos, el tradicional y el que hoy se evidencia, es combinar de manera adecuada el desarrollo de la investigación básica y de la investigación aplicada.

En el contexto colombiano, que la actividad investigativa desarrollada por la universidad sea pertinente, requiere considerar además ciertas realidades: un país con escasa tradición científica, en donde el desarrollo sistemático de la investigación es una realidad relativamente reciente; en donde existen pocas empresas con departamentos de I+D+i y con una clase política que poco sabe del quehacer científico y sin presupuestos programáticos que articulen las necesidades de nación-región a largo plazo.

Dentro de este ámbito de incipiente actividad científica y poca madurez de los actores que la dinamizan aparecen algunas visiones que pesan en el momento de entender el término pertinencia

Desde la universidad, todavía hay un sector de la comunidad académica que respaldado en las tradicionales visiones de autonomía universitaria y libertad de cátedra, ven todo punto de vista externo como intromisiones no deseadas en el rumbo de la actividad académica e investigativa. Esta concepción llevada al extremo ha dificultado la definición de agendas institucionales de investigación, provocando que cada investigador o cada grupo de investigación defina su propia carta de navegación sin mucho interés por acoplarla a la comunidad académica de su institución y mucho menos con el entorno regional y nacional. Es necesario reconocer que el dinamismo de una investigación basada en grupos disciplinares, si bien contribuyó en la fase inicial de implantación y ampliación del sistema de investigación universitario, también generó una federalización de prácticas que poco coadyuvan a la construcción de agendas institucionales de I+D+i.

Desde las empresas existe una fuerte tendencia a creer que la investigación pertinente es aquella que resuelve problemas de corto plazo, cuya solución genera un incremento inmediato en su nivel de ingresos. A pesar de ser válida su preocupación por el día a día, es evidente que por la naturaleza de los proyectos de I+D+i, ellos no están orientados a resolver este tipo de problemas. Para muchos de los empresarios son poco conocidas o no tienen el interés de participar por ejemplo en las modalidades de cofinanciación que hoy ofrece Colciencias. Es típico que los proyectos presentados a esta convocatorias sean de transferencia tecnológica o de modernización de las practicas productivas, pero poco tienen que ver con construir capacidades de largo aliento, lo que implicaría moverse en la incertidumbre ligada a cualquier proyecto de I+D+i y a la inversión de capital de riesgo.

Desde la política, la principal preocupación de quienes nos gobiernan es lograr a tiempo la ejecución presupuestal anual y cumplir promesas de campaña. De nuevo, la pertinencia está condicionada por preocupaciones pensadas en el corto plazo.

Desde la actividad institucional la dispersión es la constante. Cada institución del estado, ente no gubernamental o gobernante de turno elabora su propio mapa de prioridades, que con frecuencia no coinciden con los de otros actores regionales y que finalmente se convierten en un obstáculo para el trabajo coordinado y concertado. Son escasas las experiencias en el país de proyectos de desarrollo regional liderados por el estado y convocando a los actores económicos, sociales y políticos para aunar esfuerzos en potenciar una región mediante un esfuerzo sistemático y de varios años alrededor de un programa común de trabajo.

Surge entonces la pregunta, cómo encontrar un significado común o por lo menos convergente al término investigación pertinente?

Experiencias de varias partes del mundo han mostrado que la innovación y el incremento de la competividad van de la mano de una estrategia de formación de personal calificado y una intensa actividad de I+D liderada y articulada por el estado, pero que involucre a todos los otros actores alrededor de un proyecto común; también es necesario que estas estrategias de corte estructural no se definan en función de un periodo de gobierno.

En este marco de ideas, las empresas podrían desarrollar sus propios departamentos de I+D+i, o establecer alianzas de largo plazo con las centros de investigación y universidades para desarrollar programas ligados a su visión de negocios.

Las universidades podrían asumir el compromiso de aumentar en número y en calidad los programas de posgrados de corte investigativo, así como establecer agendas institucionales de investigación básica y aplicada, que sin entrar en contravía con la libertad de cátedra, orienten la definición de prioridades en el momento de invertir los escasos recursos disponibles.

En esta misma dirección, vale la pena anotar que la ley 1530 del 2012, que regula la organización y el funcionamiento del sistema general de regalías, tiene entre sus propósitos destinar recursos para incrementar la capacidad científica, tecnológica y de competitividad de las regiones. En principio esta es una buena oportunidad para trascender del inmediatismo y la dispersión en propósitos y acciones. 

En el caso particular de Antioquia, existen una serie de iniciativas orientadas a incentivar acercamientos puntuales entre los agentes del sistema de CT+I regional, aunque todavía estamos lejos de contar con una agenda que todos los actores respalden, liderada desde del estado y pensada como región.

La construcción de la agenda regional debe desarrollar estrategias diferenciadas por subregiones y para el área metropolitana; articular sectores claves como la minería, los recursos marítimos, la agroindustria, la salud, las TIC; articular los actores ya existentes, como es el caso de Tecnova, los centros de excelencia, los cluster por sector económico, la SIU, RutaN, entre otros; así como financiar actividades que propendan por la consolidación de capacidades científicas de los diversos actores – universidades, industria, gobiernos regionales-; y concebir los fondos de capital de riesgo necesarios para dinamizar emprendimientos e ideas innovadoras que resulten de todo el proceso.

sábado, 9 de noviembre de 2013

En contravía.



A pesar de todo lo que hoy sucede en nuestra Alma Mater no renunciamos a soñar con…...

Una universidad abierta, en donde la actividad académica, científica y cultural sea desbordante,   dinámica como el mundo de hoy  y de cara a la sociedad. 

Una universidad cuya voz sea escuchada a lo largo y ancho de la nación por sus opiniones fundamentadas, objetivas y llenas de sapiencia sobre los problemas fundamentales que aquejan a la sociedad colombiana. 

Una Universidad cerca de los grandes debates políticos e ideológicos  contemporáneos, pero alejada de los dogmatismos de todos los colores y de las posturas excluyentes o intolerantes; en donde la consigna de cada uno de nosotros  sea duro con las ideas, suave con las personas. 

Una Universidad epicentro de grandes eventos científicos, académicos y culturales; en donde periódicamente se invite a intelectuales de talla mundial para compartir con ellos sobre los temas más álgidos del quehacer académico y científico.

Una universidad en donde sus directivos sean ilustres hombres y mujeres de letras con amplio reconocimiento en la sociedad y en la comunidad universitaria por su liderazgo, postura ética, coherencia, iniciativa  y visión de futuro respeto a las labores misionales por las que debemos responder. 

Una universidad en donde sus profesores y egresados sean reconocidos por el liderazgo que ejercen en la solución de los grandes problemas que aquejan nuestra sociedad. 

Una universidad en donde cada profesor tenga un reconocimiento ganado por su  sabiduría, responsabilidad frente a su trabajo,  respeto por todas las disciplinas, respeto  por sus estudiantes, alta producción científica  y sensibilidad con las problemáticas que nos rodean.

Una universidad en donde los estudiantes tengan como actividad central estudiar; pero que a la par desarrollen su amor por las artes, la cultura, la sana competencia deportiva, el liderazgo social, la controversia política civilizada;  conocedores y respetuosos del compromiso que tiene con sus familias, con los futuros aspirantes y con la sociedad en general de hacer sin excusa dos semestres por año. 

Una universidad en donde los estudiantes puedan expresar sus ideas abiertamente y tengan mecanismos de decisión con reglas de juego claras y transparentes, que garanticen que las decisiones efectivamente recogen su sentir mayoritario. Unos mecanismos de organización y participación que los formen como ciudadanos para la democracia, alejados de toda  expresión totalitaria o basada en la intimidación. 

Finalmente, soñamos una comunidad académica de profesores y estudiantes cuyo concepto de autonomía universitaria vaya de la mano con la   democracia, entendida esta como el libre ejercicio de los derechos, acompañada del compromiso ineludible de cumplir con nuestros deberes, respetar las normas, rendir cuentas por cada uno de nuestros actos  a la sociedad, a la universidad y a nuestros propios compañeros. 

Muy a pesar de todo lo que hoy ocurre, conservamos la esperanza en nuestra Alma Mater y  parodiando a Fausto le decimos: 
Esta noche, tierra, debes permanecer firme; y renacer de nuevo para que alientes otra vez en cada uno de nosotros la aspiración de luchar sin descanso por una altísima existencia.


La polarización política y la crisis de la Universidad de Antioquia

  El proceso de designación de rector para el periodo 2024-2027 en la Universidad de Antioquia estuvo acompañado por narrativas políticas qu...